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MORBIDO 2015, DIA 2: DE SOMBRA Y SUSTANCIA

Someto a su consideración las siguientes palabras, que ustedes reconocerán como la introducción de uno de los programas más entrañables de la historia de la televisión: “Esta puerta se abre con la llave de la imaginación,” rezaba la presentación, que habrán de imaginar en voz de su propio creador. “Detrás de ella se encuentra otra dimensión—una dimensión del sonido, una dimensión de la vista, una dimensión de la mente. Se moverán a través de una tierra de sombras y sustancias, de cosas e ideas…”

Acabamos de entrar, por supuesto, a la Dimensión Desconocida.

Serling

Próxima parada…

No es necesario mencionar siquiera la influencia que Rod Serling y The Twilight Zone habrían de tener no sólo en directores como Steven Spielberg, Night M. Shyamalan o, ya más para acá, J.J. Abrams, sino en el cine fantástico en general: sin TZ no tendríamos ni Tales From the Darkside, ni Masters of Horror ni, en realidad, ninguna de esas antologías que habrían de llegar a nuestros hogares a través del tubo de rayos catódicos, y traídas de esa dimensión “vasta como el espacio y atemporal como el infinito”. De la obra de Stephen King—para el que Serling era la respuesta a Lovecraft—a la propia Star Trek, y en filmes tan distintos entre sí como Coherence (2013) y Los Cronocrímenes (2007), The Truman Show (1998) y Midnight in Paris (2011).

Póster de Los Parecidos, de Isaac Ezban.

Póster de Los Parecidos, de Isaac Ezban.

Lo anterior viene a cuento por el estreno en MÓRBIDO de Los Parecidos, el segundo largometraje de Isaac Ezban. Si bien la influencia de Twilight Zone se podía sentir ya en El Incidente (2014), su ópera prima, el también guionista hace aquí un abierto homenaje a la serie que va del estilo de los títulos iniciales a la música de Edy Lan—inspirada a su vez en el trabajo de Bernard Herrmann y, en realidad, lo mejor de la película—e, inclusive, a esas narraciones con que Serling solía abrir y cerrar cada capítulo del programa original. Por supuesto, los guiños son de agradecerse. Y, sin embargo, siempre he creído que la diferencia entre la Twilight Zone original y sus muchos imitadores—incluidos los dos revivals de la serie—se encontraba en el propio Serling, y en la manera en que el programa era un fiel reflejo de la idiosincrasia de su creador: responsable—a pesar de la colaboración de autores como Richard Matheson, el malogrado Charles Beaumont y hasta Ray Bradbury—de más del 80% de los guiones, Serling habría de plasmar en cada capítulo su personal visión del mundo: una visión que podía ser sombría, sí—la paranoia propia de la Guerra Fría se podía sentir desde el primer capítulo, al igual que la amenaza de la aniquilación nuclear—, pero que nunca dejaría de manifestar su profundo entendimiento de la condición humana.

Its-a-Good-Life

Still del remake de It’s a Good Life, dirigido por Joe Dante en Twilight Zone: The Movie.

En ese sentido, Los Parecidos resulta más un pastiche de la obra de Serling que la genuina expresión de su autor—más sombra que sustancia, por decirlo de alguna manera. Al igual que sucedía ya con El Incidente, la película no consigue ir más allá de las referencias—el propio Ezban habría de reconocer la influencia de episodios como el clásico It’s a Good Life en la cinta—, un homenaje que se antoja sincero, sin duda, pero que carece de esa sensibilidad que haría de The Twilight Zone un referente atemporal.

Algo, eh, parecido sucede de alguna manera con Atroz, debut en el largometraje de Lex Ortega—el instigador de la antología México Bárbaro (2014)—, en el que el interminable catálogo de vejaciones a que somete el director a sus personajes—y a la audiencia—resulta, paradójicamente, en un tedio que bordea la indiferencia. Y es que, autodenominada como “la película mexicana más violenta de la historia”, la cinta de Ortega adolece no sólo de esa falta de rigor formal que caracteriza al found footage, sino también de los recursos necesarios para de verdad involucrar al espectador con el drama en la pantalla.

ATROZ Poster small

Si bien no podrían ser más diferentes entre sí, tanto Atroz como Los Parecidos carecen de un protagonista claro, así como también de la tensión dramática necesaria para hacer del público un participante, y no sólo un testigo de la historia. Y es una lástima, ya que Ezban no sólo se ha revelado como un hábil productor, sino que se luce aquí con la cámara, evidenciando un dominio del lenguaje del que Ortega no puede—o no quiere—echar mano. Es una ironía digna de la Dimensión Desconocida que Ezban alerte en su película sobre la pérdida de la identidad, pero que las cintas hechas por dos apasionados del cine terminen por parecer tan anónimas… y tan semejantes entre sí.

Recomendaciones para el día de hoy: la comentadísima We Are Still Here (2015), Tale of Tales (2015) de Mateo Garone y la proyección de Sleepwalkers (1992), en la que habrá sesión de preguntas y respuestas con su director, Mick Garris.

—Antonio Camarillo

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Acerca de Antonio

NECROFILMIA es el blog de cine de Antonio Camarillo, colaborador de Cine PREMIERE y quien ha publicado en revistas como FANGORIA, Marvin, CineXS y la Revista WOW. Coordinador de contenidos de MORBIDOFEST, co-conductor de Horroris Causa e invitado frecuente —o titular que falta mucho— de CinemaNET.

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