MORBIDO 2015, DIA 3: De hacer cine con lo que se tiene

Creo que lo más interesante de asistir a un festival como MÓRBIDO es la oportunidad—rara oportunidad, debería decir—de exponerse a filmes que pueden resultar tan peculiares, difíciles o simplemente raros o que no habría manera de verlos en otro lado. Por supuesto, mucha de esa libertad para arriesgarse viene no sólo de la ingenuidad de los directores—la mayoría de ellos jóvenes con poca experiencia—, sino de la falta de compromiso que viene de la mano, claro, con la falta de dinero. Ahora sí que se trabaja con lo que hay…

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Tras una proyección tempranera de Ghost Theatre (Gekijô rei, 2015), el más reciente largometraje de Hideo Nakata, tuve la oportunidad de presentar O Diabo Mora Aqui (2015) en compañía de su productor, M. M. Izidoro—quien es además el responsable de la idea, aunque no el guionista de la película—. Si bien la anécdota se antoja ya algo manida—un grupo de jóvenes va a pasar el fin de semana en la finca de un amigo, en donde habrán de quedar a merced de fuerzas demoniacas—, la cinta resulta más que un mero ejercicio de realización gracias, en buena medida, a la manera en que el folclor y las consejas populares del Brasil le dan sustento e identidad a la trama: durante la ronda de preguntas y respuestas, Izidoro habría de recordar cómo las historias que de niño escuchaba de su abuela acabarían por formar la base de la historia, incluidas además por su interés en la historia de su país—Brasil fue el último país del mundo en abolir la esclavitud, según nos dijo—.

Con Marcel Izidoro, director de O Diabo Mora Aqui.

Impecablemente dirigida por Dante Vescio y Rodrigo Gasparini, la película sería producida en apenas quince días por $40,000 dólares, una hazaña que su productor atribuye a la meticulosa planeación del proyecto—y al hecho de que la finca, única locación de la película, pertenecía a la familia del asistente de dirección—.

Y es que por algo aconsejan los manuales de guionismo que “escribas de lo que sabes”. Más un drama intimista con tintes de thriller psicológico que una película de terror, el filme argentino Presagio echa mano de una estrategia similar: de acuerdo con su director, Matías Salinas, la cinta se rodó en su propio apartamento con la ayuda de un pequeño grupo de parientes y amigos, y con él mismo como director de fotografía—una decisión que, de acuerdo con Salinas, sería tanto artística como de presupuesto: más de la mitad de la película fue grabada con una pequeña cámara formato MiniDV—. La historia de un joven escritor que, atormentado por la muerte de su esposa y su pequeño hijo, comparte con su psiquiatra las visiones de una misteriosa figura que se oculta debajo de un paraguas, la película resultaría de hecho poco cinematográfica si no fuera por esas imágenes, sumamente expresivas y reveladoras del mundo interior del protagonista, y que compensan lo literario de esa voz en off que acompaña la trama, así como una situación que se antoja más bien teatral.

PRESAGIO

Claro, el bajo presupuesto es una constante en los festivales de género, incluso entre las películas que no podríamos llamar independientes. Fuera de cosas como Tale of Tales, una fastuosa producción dirigida por Mateo Garrone—Gomorrah, 2008—que, a pesar de lo colorida que es, termina resultando un tanto gris, el grueso de la oferta cinematográfica de este año en MÓRBIDO se compone de películas como la alucinante Bunny the Killer Thing o We Are Still Here, una de las cintas que más esperaba en el festival y que, sin embargo, terminó resultando una decepción. Protagonizada por Barbara Crampton—y presentada por su director, Ted Geoghegan—, se trata al fin y al cabo de una historia de fantasmas bastante convencional, más bien genérica—es una producción de Dark Sky Films—que abusa de los diálogos expositivos y en la que queda demostrado que un bajo presupuesto no equivale, o no necesariamente, a una mayor libertad para experimentar.

Pablo Guisa y Ted Geoghegan, director de We Are Still Here.

El director de We Are Still Here, Ted Geoghegan, acompañado de Pablo Guisa Koestinger.

Entre las cosas de interés que ya no tuve oportunidad de ver se encontraba otra peli japonesa, Litchi Hikari Club—de Eisuke Naitô, quien se encuentra atendiendo el festival—, así como The Hallow y JeruZalem, que me dicen que estuvo bastante bien. También me quedé con ganas de ver Some Kind of Hate, de Adam Egypt Mortimer. ¿Los highlights del día? La proyección de Sleepwalkers presentada por el propio Mick Garris, en la que habló largo y tendido sobre su relación de trabajo con Stephen King y, sin duda, el concierto de Simon Boswell, a quien pueden ver aquí interpretando The Order of Death, original de PIL y rola emblemática de Hardware, de Richard Stanley, quien subió al escenario para contribuir con las vocales. This is what you want, this is what you get…

MORBIDO 2015, DIA 2: DE SOMBRA Y SUSTANCIA

Someto a su consideración las siguientes palabras, que ustedes reconocerán como la introducción de uno de los programas más entrañables de la historia de la televisión: “Esta puerta se abre con la llave de la imaginación,” rezaba la presentación, que habrán de imaginar en voz de su propio creador. “Detrás de ella se encuentra otra dimensión—una dimensión del sonido, una dimensión de la vista, una dimensión de la mente. Se moverán a través de una tierra de sombras y sustancias, de cosas e ideas…”

Acabamos de entrar, por supuesto, a la Dimensión Desconocida.

Serling

Próxima parada…

No es necesario mencionar siquiera la influencia que Rod Serling y The Twilight Zone habrían de tener no sólo en directores como Steven Spielberg, Night M. Shyamalan o, ya más para acá, J.J. Abrams, sino en el cine fantástico en general: sin TZ no tendríamos ni Tales From the Darkside, ni Masters of Horror ni, en realidad, ninguna de esas antologías que habrían de llegar a nuestros hogares a través del tubo de rayos catódicos, y traídas de esa dimensión “vasta como el espacio y atemporal como el infinito”. De la obra de Stephen King—para el que Serling era la respuesta a Lovecraft—a la propia Star Trek, y en filmes tan distintos entre sí como Coherence (2013) y Los Cronocrímenes (2007), The Truman Show (1998) y Midnight in Paris (2011).

Póster de Los Parecidos, de Isaac Ezban.

Póster de Los Parecidos, de Isaac Ezban.

Lo anterior viene a cuento por el estreno en MÓRBIDO de Los Parecidos, el segundo largometraje de Isaac Ezban. Si bien la influencia de Twilight Zone se podía sentir ya en El Incidente (2014), su ópera prima, el también guionista hace aquí un abierto homenaje a la serie que va del estilo de los títulos iniciales a la música de Edy Lan—inspirada a su vez en el trabajo de Bernard Herrmann y, en realidad, lo mejor de la película—e, inclusive, a esas narraciones con que Serling solía abrir y cerrar cada capítulo del programa original. Por supuesto, los guiños son de agradecerse. Y, sin embargo, siempre he creído que la diferencia entre la Twilight Zone original y sus muchos imitadores—incluidos los dos revivals de la serie—se encontraba en el propio Serling, y en la manera en que el programa era un fiel reflejo de la idiosincrasia de su creador: responsable—a pesar de la colaboración de autores como Richard Matheson, el malogrado Charles Beaumont y hasta Ray Bradbury—de más del 80% de los guiones, Serling habría de plasmar en cada capítulo su personal visión del mundo: una visión que podía ser sombría, sí—la paranoia propia de la Guerra Fría se podía sentir desde el primer capítulo, al igual que la amenaza de la aniquilación nuclear—, pero que nunca dejaría de manifestar su profundo entendimiento de la condición humana.

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Still del remake de It’s a Good Life, dirigido por Joe Dante en Twilight Zone: The Movie.

En ese sentido, Los Parecidos resulta más un pastiche de la obra de Serling que la genuina expresión de su autor—más sombra que sustancia, por decirlo de alguna manera. Al igual que sucedía ya con El Incidente, la película no consigue ir más allá de las referencias—el propio Ezban habría de reconocer la influencia de episodios como el clásico It’s a Good Life en la cinta—, un homenaje que se antoja sincero, sin duda, pero que carece de esa sensibilidad que haría de The Twilight Zone un referente atemporal.

Algo, eh, parecido sucede de alguna manera con Atroz, debut en el largometraje de Lex Ortega—el instigador de la antología México Bárbaro (2014)—, en el que el interminable catálogo de vejaciones a que somete el director a sus personajes—y a la audiencia—resulta, paradójicamente, en un tedio que bordea la indiferencia. Y es que, autodenominada como “la película mexicana más violenta de la historia”, la cinta de Ortega adolece no sólo de esa falta de rigor formal que caracteriza al found footage, sino también de los recursos necesarios para de verdad involucrar al espectador con el drama en la pantalla.

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Si bien no podrían ser más diferentes entre sí, tanto Atroz como Los Parecidos carecen de un protagonista claro, así como también de la tensión dramática necesaria para hacer del público un participante, y no sólo un testigo de la historia. Y es una lástima, ya que Ezban no sólo se ha revelado como un hábil productor, sino que se luce aquí con la cámara, evidenciando un dominio del lenguaje del que Ortega no puede—o no quiere—echar mano. Es una ironía digna de la Dimensión Desconocida que Ezban alerte en su película sobre la pérdida de la identidad, pero que las cintas hechas por dos apasionados del cine terminen por parecer tan anónimas… y tan semejantes entre sí.

Recomendaciones para el día de hoy: la comentadísima We Are Still Here (2015), Tale of Tales (2015) de Mateo Garone y la proyección de Sleepwalkers (1992), en la que habrá sesión de preguntas y respuestas con su director, Mick Garris.

—Antonio Camarillo

En el Dia de los Muertos, larga vida a MORBIDO

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Fue hace ya diez años que recibí, de parte de Karyna Martínez y Pablo Guisa Koestinger—productora ejecutiva y director, respectivamente—, la invitación para formar parte del equipo de MÓRBIDO, Festival internacional de Cine Fantástico y de Terror, una oportunidad que le debo no sólo a la fantástica amistad que me une con ellos, sino también al amor que todos en el festival profesamos hacia el cine de género, y al horror en particular.

Hoy MÓRBIDO llega a su octava edición, y me enorgullece seguir perteneciendo a la familia del festival, y estar aquí para saludar a viejos amigos, para hacer algunos nuevos y, sí, para ver cine, cine y más cine—esa frase se la robo, claro, a mis amigos de CinemaNET, que recién entrevistaron a Pablo Guisa para el podcast—. Este año, el festival incluye en su programación cintas como Baskin, de Can Evrenol, We Are Still Here de Ted Geoghegan y la comedia de horror Cooties, de Jonathan Milott y Cary Murnion, que están ya en las listas de lo mejor del año de más de un crítico especializado, y otras ya favoritas del público como Turbo Kid ( François Simard, Anouk Whissell y Yoann-Karl Whissell) o la divertidísima Deathgasm (Jason Lei Howden).

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Entre las representantes del cine latinoamericano tenemos Scherzo Diabólico, de Adrián García Bogliano—el director consentido del festival—y Los Parecidos, de Isaac Ezban, que presentó aquí el año pasado su ópera prima, El Incidente (2014), además del debut como director de largometrajes de Lex Ortega, Atroz—Lex es el primer culpable de la antología México Bárbaro (2014), que se proyectó también en Mórbido el año pasado—. Y si a todo esto le agregamos la presencia de directores consagrados como Joe Dante—quien presenta Gremlins (1984) en función al aire libre—, el Master of Horror Mick Garris (Critters 2 [1988]; Sleepwalkers [1992]; Riding the Bullet [2004]), o Bernard Rose, responsable de cintas ya legendarias como Candyman (1992) o Paperhouse (1988) y quien estrena su versión de Frankenstein en el festival, pues no queda más que someterse a la generosa oferta de crueles vejaciones fílmicas que MÓRBIDO viene ofreciendo desde hace ya ocho largos años.

Joe Dante con una de sus criaturas.

Joe Dante con una de sus criaturas.

Y la verdad es que yo no podría estar más contento. A MÓRBIDO le debo no sólo el conocer y haber tratado a cineastas admirados y muy queridos como Richard Stanley y Carles Torrens, Tim Luna, Romain Basset, Sergio Blasco o por supuesto Adrián García Bogliano—por no hablar de Jaume Balagueró, Nacho Vigalondo y tantos otros que he tenido la oportunidad de entrevistar aquí—, sino también vivir el cine de horror ya no sólo como aficionado o como periodista nada más, sino un poquito más de cerca, en las entrañas mismas… En carne viva, pues.

Así que, ¡larga vida a MÓRBIDO, Festival Internacional de Cine Fantástico y de Terror! Y ahora a ver películas, que a eso vinimos…

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Y sí, Richard Stanley está invitado otra vez… por cuarta vez, de hecho.

—Antonio Camarillo

Las Mil Caras del Monstruo

La imagen gráfica del seminario es obra de Julieta Rodríguez

¿De qué hablamos cuando hablamos de horror?

De clásicos como Nosferatu, eine Symphonie des Grauens (1922) a éxitos recientes como The Babadook (2014), el cine le ha dado rostro a las ansiedades y temores propios de la modernidad. En este seminario me propongo examinar la figura del monstruo como expresión de las temáticas y preocupaciones esenciales del cine de horror, valiéndome para ello de la discusión de títulos indispensables del género como Freaks (1932), Psycho (1960), Alien (1979) o Night of the Living Dead (1968), filmes emblemáticos que dan cuenta de nuestra fascinación por vampiros y zombies, psicópatas y demonios.

El curso está dirigido al público en general, así como a cineastas, guionistas, estudiantes de ciencias de la comunicación, arte, sociología e historia interesados en el cine fantástico y de terror, y tendrá lugar en Garko, café cultural (Insurgentes Sur 1793, Local 103, Col. Guadalupe Inn) a partir del sábado 8 de agosto de 2015.

Información general

El curso tiene una duración de 15 horas, y está dividido en cinco sesiones:

  1. El monstruo en el cine silente y el periodo clásico. Sábado 8 de agosto.
  2. Vinieron del espacio exterior: horror y sci-fi. Sábado 15 de agosto.
  3. Mi vecino es un psicópata: asesinos seriales y el slasher. Sábado 22 de agosto.
  4. El horror y lo oculto: el Diablo en el cine. Sábado 29 de agosto.
  5. Tierra de zombies: horrores posmodernos. Sábado 5 de septiembre.

Horario
De 11:00 a 14:00 Hrs.

Costo*

  • $1,200.00 (público en general)
  • $900.00 (estudiantes)

*Una vez iniciado el seminario no habrá devoluciones.

Mayores informes vía e-mail en acamaril@gmail.com, y a través de nuestro Facebook.

 

Precios
General $1,200.00 MXN
Estudiantes $900.00 MXN

Vinieron del espacio… interior

"They're here already! You're next!"

“They’re here already! You’re next!”

En su imprescindible ensayo sobre el género del horror, “Danse Macabre”, Stephen King rememora el día en que comenzó para él “el verdadero terror”: el día en que, mientras se encontraba viendo la ahora clásica cinta de ciencia ficción Earth vs. the Flying Saucers (Fred F. Sears, 1956) en el Stratford Theater de la ciudad de Stratford, Connecticut, la función fue interrumpida por el gerente del cine para anunciar que los soviéticos habían logrado poner en órbita el primer satélite artificial, el “Spootnik”:

“… Absurdo como pueda parecer, Earth vs. the Flying Saucers se ha convertido en una simbólica declaración política. Tras su vulgar trama sobre invasores del espacio se descubre un avance de la guerra definitiva. Aquellos codiciosos y perversos monstruos que pilotean los platillos son en realidad los rusos; la destrucción del Monumento a Washington, del domo del Capitolio y de la Suprema Corte—representados con inquietante y gráfica verosimilitud por los efectos en stop-motion de Ray Harryhausen—se convierten en nada menos que la destrucción que uno esperaría en toda lógica cuando las bombas atómicas finalmente empezaran a volar…”

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Y es que, de los siniestros “pod people” de The Invasion of the Body Snatchers (Don Siegel, 1956) a la capacidad para la destrucción de la radioactiva bestia titular en Godzilla (Ishirô Honda, 1954), el cine de género en los años 50 habría de encarnar, de forma bastante literal, la conciencia de nuestra capacidad para la propia aniquilación—esos “monstruos del Ello” que amenazan a la tripulación de la nave C-57D en Forbidden Planet (Fred M. Wilcox, 1956).

Sobre el particular rostro que habría de adquirir lo monstruoso en el cine de horror y ciencia ficción de los 50 hablaremos en la segunda sesión de “El Monstruo de las Mil Caras: Fisonomías del Horror en el Cine”, que tiene lugar hoy sábado 21 de marzo en Café Cultural Garko, en punto de las 11:00 Hrs.

Las Mil Caras del Monstruo

La imagen gráfica del seminario es obra de Julieta Rodríguez

¿De qué hablamos cuando hablamos de horror?

De Nosferatu al Babadook y en poco más de cien años de existencia, el cine le ha dado rostro a las ansiedades y temores propios de la modernidad. En este seminario me propongo examinar la figura del monstruo como expresión de las temáticas y preocupaciones esenciales del cine de horror, a través de la discusión de títulos indispensables del género como Freaks (1932), Psycho (1960), Alien (1979) o Night of the Living Dead (1968), filmes que dan cuenta de nuestra fascinación por vampiros y zombies, psicópatas y demonios.

Está dirigido al público en general, cineastas, guionistas, estudiantes de ciencias de la comunicación, arte, sociología e historia, así como personas interesadas en el cine fantástico y de terror, y tendrá lugar en Garko, café cultural (Insurgentes Sur 1793, Local 103, Col. Guadalupe Inn) a partir del sábado 14 de marzo.

Información general

El curso tiene una duración de 20 horas, y está dividido en cinco sesiones:

  1. El monstruo en el cine silente y el periodo clásico. Sábado 14 de marzo.
  2. Vinieron del espacio exterior: horror y sci-fi. Sábado 21 de marzo.
  3. Mi vecino es un psicópata: asesinos seriales y el slasher. Sábado 28 de marzo.
  4. El horror y lo oculto: el Diablo en el cine. Sábado 4 de abril.
  5. Tierra de zombies: horrores posmodernos. Sábado 11 de abril.

Horario
De 11:00 a 15:00 Hrs.

Costo
$2,000.00 (Dos mil pesos)
$1,500.00 para estudiantes

PREGUNTAR POR DESCUENTOS Y FACILIDADES DE PAGO.

*Una vez iniciado el taller no habrá devoluciones

Informes e inscripciones vía e-mail, en acamaril@gmail.com, y en nuestro Facebook.

Al Gordo, con afecto.

Ya me lo había propuesto alguna vez mi querido colega, Roberto Coria, y esta parecería ser la ocasión perfecta para seguir su consejo—la ocasión de resucitar este blog abandonado, sí, y apropiada además para rendir, como el mismo Roberto de seguro lo diría, horror a quien horror merece.

Así que, en ocasión del cumpleaños número 50 de Guillermo del Toro, desempolvo el texto que a continuación les comparto: una torpe pero muy entusiasta crítica a Mimic (1997), la primera película del Gordo filmada en Hollywood, y que fuera publicada originalmente en un periódico escolar con ocasión del estreno de la cinta en México. También se trata de la segunda crítica que escribí en mi vida, así que ustedes disculparán si les resulta más rebuscada que de costumbre, un tanto rancia quizás, y plagada tal vez de adjetivos innecesarios… Bichos inmundos, como cucarachas en el piso pegajoso de un cine allá en los 80.

Lo cierto es que ya desde aquél entonces era yo fan del Gordo. Aún recuerdo la emoción que sentí al ver La invención de Cronos (1992)—título original de su opera prima—en una sala de los Gemelos Mixcoac, durante su corrida comercial en México, y el orgullo que me embargó al comprobar, mientras veía Mimic en el Cinemex de Plaza Loreto, que del Toro tenía lo necesario para hacerla en el cine de Hollywood; yo sabía desde antes que había estudiado bajo la tutela de Dick Smith, y que tenía un taller de maquillaje llamado Necropia, y cuando decidí dejar la ingeniería para dedicarme al cine hasta intenté ponerme en contacto con él. Poco después, un artículo publicado en FANGORIA hablaba de su aún corta carrera, y de los capítulos de Hora Marcada que había dirigido en México… Y fue entonces cuando supe que Guillermo llegaría muy lejos.

Joven imberbe, lo llamó Leonardo García Tsao…

Joven imberbe, lo llamó Leonardo García Tsao…

Así que, sin más, los dejo con esto que se tituló en su momento Mimic: ¿Otro paso en la evolución del horror mexicano? Y desde aquí le mando un abrazo al Gordo… ¡Gracias por cumplir esa promesa!

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Nunca un mejor ejemplo del melting pot que es la sociedad norteamericana que la cosmopolita ciudad de Nueva York: de la isla de Manhattan al Bronx, Queens o Central Park conviven cotidianamente, junto al típico anglosajón, blanco y protestante, la más excéntrica variedad de personajes que, lejos de asimilarse felizmente tal y como el american dream sugiriera, no dejan de provocarle cierto escozor al gringo promedio. Y con mayor razón, si de pronto sienten usurpadas sus prerrogativas como ciudadanos “legítimos”. Hay policías negros. Inmigrantes hispánicos trabajando en el metro. Actores italianos. E insectos gigantes. Y directores de cine de terror mexicanos.

Toda una diversidad que tiende a lo siniestro.

Mimic (1997), título que hace alusión a la capacidad que tienen algunos insectos para camuflajearse y pasar desapercibidos frente a sus depredadores —o sus víctimas—, no se refiere sin embargo a la paranoia xenofóbica típica de aquél que se levanta a medianoche sólo para encontrar el piso de la cocina lleno de cucarachas. No directamente. O no exclusivamente, en todo caso. Porque, más allá de las implicaciones sociales que el estudio de la otredad pueda tener, es esta maña del cine de terror para proyectar sus temores en los indeseables la que le confiere el carácter catártico que todo aficionado al género conoce, y aprecia. En especial cuando estos indeseables lucen, a primera vista, justamente iguales a nosotros.

La película del tapatío Guillermo del Toro denota, además del precoz oficio de su autor, este profundo conocimiento de las mecánicas del cine de terror. Lo cual no es de sorprenderse: el gordo —para los cuates— no solo echó a andar su propio taller de maquillaje de efectos especiales (el ahora extinto Necropia) bajo la tutela del legendario Dick Smith, sino que además se fogueó tanto en el cortometraje como en la televisión —nada menos que tres Horas Marcadas responden a su autoría— antes de acometer la realización de Cronos, su afortunado debut, en 1992.

Al igual que en su ópera prima, en Mimic es evidente el contraste —que tan bien funcionara en aquella— entre lo antiguo y lo moderno: entre la tiendita familiar de artesanías y la todopoderosa presencia de las grandes corporaciones; entre el discreto encanto de lo folklórico y tradicional y la sofistiquería técnica del cine made in USA. Lo primitivo y lo civilizado, el reconfortante consuelo de la religión y la desesperada y frágil fe en la ciencia, lo natural y lo sintético se contraponen en un esquema que, lejos de quedarse en la simple fábula ecológica de tintes moralistas, nos remite al unheimlich freudiano: ese caos oculto, dionisíaco, tan atinadamente simbolizado por los múltiples niveles del subterráneo neoyorquino y que, tal y como el subconsciente que representa, emerge con violencia a la superficie en una secuencia reminiscente de la tragedia que sufriera Guadalajara hace apenas unos años.

Es esa transgresión que se manifiesta cuando lo interno se hace externo, como lo atestiguan las paredes cubiertas de excremento en el subterráneo y el rostro que al fin descubre el hombre de los zapatos chistosos cuando es ya demasiado tarde.

Sin embargo, es en la puesta en escena en donde del Toro sale mejor librado. Sin ser una cinta tan fresca como la anterior —y aunque difícilmente cualquiera de las dos podría considerarse como una idea completamente original, dada la temática de Cronos y las múltiples referencias con que Del Toro y Matthew Greenberg visten la historia de Donald A. Wollheim en Mimic—, el gordo hace gala de su buen ojo en el uso de los recursos visuales y en el manejo de los resortes clásicos del terror norteamericano. De manera obviamente más marcada que en Cronos (una cinta identificablemente mexicana, aunque realizada con valores de producción cercanos a los estadounidenses, con actores gringos y diálogos en inglés subtitulados al español), Mimic imita a la perfección la típica película gavacha de monstruos, final sorpresa incluído, pero sin ser una gringada. Por algo Mira Sorvino ha declarado que Mimic es una película que tan sólo un mexicano católico podría haber realizado. Creo que justo ahí se encuentra el secreto de su atractivo.

Me parece que, sin embargo, Mimic no es una película que pueda juzgarse (ni compararse siquiera con Cronos) sin haber visto la siguiente obra de del Toro: sin saber si las que parecen ser sus preocupaciones temáticas —presentes en el uso de la imaginería religiosa, en el protagonismo de esas “criaturas favoritas de Dios”, los insectos, o en las relaciones familiares que, en el caso del viejo bolero y su nieto, parece invocada directamente de Cronos— evolucionarán en una propuesta formal, o si se quedarán al nivel de meros fetiches visuales. Guillermo Del Toro se ha propuesto jugar con el cine norteamericano bajo sus mismas reglas; al igual que sus creaturas, ha logrado asimilarse dentro de su industria, asemejando sus productos a los suyos pero atrayendo a la vez su atención en el despliegue de temáticas más cercanas a nosotros y, por lo mismo, exóticas al espectador desprevenido.

¿Lo hará en el papel del depredador o, muy al contrario, en el de la víctima?

Mimic. Dirigida por Guillermo del Toro. Con Mira Sorvino, Jeremy Northam, Josh Brolin, Giancarlo Giannini, Charles Dutton, Alexander Goodwin y F. Murray Abraham. Producida por Dimension Films. 105 min. E.U., 1997.

Coscarelli vive al final

Un cineasta no muy prolífico que digamos, a Don Coscarelli (Libia, 1954) se le reconoce de cuerpo entero en su obra, breve pero concisa, y que ha dejado para el género imágenes fundamentales. Ya sea que se trate del adusto visaje de Angus Scrimm como The Tall Man en Phantasm (1979) y secuelas—que son tres a la fecha: Phantasm II (1988), Phantasm III: Lord of the Dead (1994) y Phantasm IV: Oblivion (1998)—o del delirante revisionismo histórico de Bubba Ho-Tep (2002), Coscarelli ha sido una voz propositiva y original en el paisaje a menudo árido y rutinario de un género que tiende a la reiteración.

Mientras los planes para una quinta entrega de Phantasm o la esperada Buba Nosferatu se concretan, Coscarelli ha presentado en SITGES su nueva película, la fascinante John Dies at the End (2012), además de recibir un premio a su trayectoria. Mi nota al respecto la pueden encontrar en la página de noticias de MÓRBIDO.

Coscarelli recibe el premio Máquina del Tiempo de Sitges

Las muchas caras del genero

Sitges, día dos. Uno de los mayores placeres de un festival de cine es el de poder exponerse a cinematografías y películas a las que, si por uno fuera, quizás nunca nos habríamos acercado. Por supuesto, cuando el festival en cuestión es SITGES, lo cierto es que uno se debe esperar cualquier cosa. Y es que un género pueden ser tan limitado a veces que es necesario abordarlo desde otro ángulo para apreciarlo de nuevo.

De Leos Carax había visto con anterioridad Pola X (1999), filme también difícil de clasificar que, a pesar del tono provocador—en su momento se hizo mucho escándalo por las escenas de sexo real, no simulado—, posee algo cercano a una narrativa. No sucede lo mismo con Holy Motors (2012), aquí dentro de la Selecció Oficial Fantàstic a Competiciò: casi una sucesión de viñetas, la cinta sigue de cerca el atareado día de Oscar, personaje interpretado por Denis Lavant, regular de Carax: una suerte de actor que, a bordo de una limousina equipada con lo que parecería un vestidor entero a bordo, recorre la ciudad atendiendo las “citas” que le hace llegar su asistente y chofer, y que lo llevan a interpretar “papeles” que van de acaudalado banquero a un intérprete de motion capture o ese grotesco geek que secuestra a Eva Mendes bajo la tierra.

Otro filme difícil de encajonar dentro de un género sería la más reciente película del ecléctico Takashi Miike, For Love’s Sake (Ai to Makoto, 2012). Basada en un popular manga, la cinta recrea a la perfección esa peculiar mezcla de violencia de caricatura y musicalidad que es propia del cómic y el anime japonés, y que puede lo mismo fascinar que sacarlo a uno de quicio… sobre todo después de los primeros cuatro o cinco números musicales. Pero lo extravagante de la combinación—por no hablar de los personajes, entrañables todos—acaba resultando irresistible, y el filme ha resultado de mis favoritos aunque en más de una ocasión le haya perdido la paciencia.

Algo parecido habría de sucederme con Gangs of Wasseypur (2012), de Anurag Kashyap, una épica historia de venganza que tiene la historia reciente de la India como escenario, y que a pesar de la fastuosa producción y lo bien contada de la historia terminaría por sacarme de la sala. Y es que el cine de la India no es lo mío. Si a ello le agregamos que, si bien aquí la han dividido en dos partes, la película dura más de cinco horas, de cualquier forma era difícil que terminara de verla.

El día habría de terminar con un maratón de found footage que incluía la antología V/H/S (2012), dispareja pero muy disfrutable en sus mejores momentos, The Bay (2012), de Barry Levinson, y la que habría de resultar lo peor del día, Tape 407 (2012), convencional historia a la que el formato no le aporta nada y cuya sorpresa final sea tal vez lo más ridículo que he visto en mucho tiempo en una cinta de género.

Body count:

  1. Insensibles (Juan Carlos Medina, 2012)
  2. Holy Motors (Leos Carax, 2012)
  3. Gangs of Wasseypur (Anurag Kashyap, 2012)
  4. The Exorcist in the 21st Century (2012)
  5. For Love’s Sake (Ai to Makoto, 2012)
  6. V/H/S (2012)
  7. Tape 407 (2012)

El mundo se va a acabar

Sitges, día uno. Se entiende que es el tema del festival este año, por supuesto, así que no es de extrañar que este primer día de proyecciones resultara algo apocalíptico. Y la sorpresa de la noche sería la película norteamericana The Day (2011), una suerte de Western post-apocalíptico dirigido por Douglas Aarniokoski en el que una pequeña banda de sobrevivientes—encabezado por Dominic Monaghan, el Charlie de Lost—decide investigar una decrépita casa abandonada que encuentran en su camino, tan sólo para descubrir entonces que su breve escala podría de hecho ser el fin del viaje.

Sin un destino aparente—y, en realidad, sin un origen tampoco, pues jamás se nos explica qué ha ocurrido con la civilización, o cuánto tiempo llevan deambulando por ese páramo siniestro en el que se han convertido los Estados Unidos—, lo cierto es que el ecléctico grupo tiene más de qué preocuparse que esa patente desconfianza entre el bando formado por Rick, Adam, Henson y Shannon, amigos desde la infancia, y la taciturna Mary—Ashley Bell, seguro la recuerdan por The Last Exorcism—, una chica tan reservada como letal. Y es que en este mundo la lucha por la supervivencia es la lucha por el sustento, principalmente, y ahí afuera hay quienes han decidido saciar el hambre de la manera más pragmática posible—con lo que haya a la mano pues.

La cinta coreana Horror Stories presenta también distintos escenarios en los que podría escenificarse el tan cantado fin del mundo. Parecería que las antologías se están poniendo de moda otra vez (hoy viernes tengo entradas para V/H/S (2012), y en estos días dan también The ABCs of Death, 2012), y el segmento “Secret Recipe/Kong-jwi and Pat-jwi” da cuenta igualmente de los peculiares gustos culinarios de un codiciado soltero, mientras que “Ambulance” le da un giro a la típica historia de zombies/infectados e imagina una epidemia que ha convertido a la humanidad en una suerte de hombres-rata.

Otra película de episodios, para la también coreana Doomsday Book (2012) el Apocalipsis Zombie será desatado también por la comida, y por los excesos del consumismo y nuestro despilfarrado estilo de vida. Y sin embargo—y fuera del obligado episodio sobre la rebelión de las máquinas, transformado aquí en la curiosa pero tediosa historia de un robot que alcanza la iluminación, en lugar de la propia consciencia—, el mejor segmento del filme tendría que ser el último, un cuento delirante en el que la Tierra se encuentra a punto de ser impactada por una bola de billar gigantesca, y que ha sido ordenada—vía Internet, en un sitio de origen extraterrestre—por el inocente deseo de una pequeña niña.

Mención aparte merecería American Mary (2012), la más reciente película de las Hermanas Soska (Dead Hooker in a Trunk, 2009), que comparte con The Day no sólo el honor de haber sido de lo mejorcito que se vio en la jornada, sino también el tener en el personaje titular—que también se llama Mary—una protagonista femenina fuerte, independiente y nada dejada—Katharine Isabelle, de Ginger Snaps.

Body count:

  1. American Mary (Jen y Sylvia Soska, 2012)
  2. Dancing Dogs (Charbel Bou-Antoun, Anna Nemyrovych y Giovanni Smets, 2012)
  3. Horror Stories (Mooseowon Iyagi, 2012)
  4. Doomsday Book (Inryu myeongmang bogoseo, 2012)
  5. The Day (Douglas Aarniokoski, 2011)